SoL: el Software Libre como herramienta para el conocimiento
Desde que las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación ingresaron al contexto centroamericano, ha primado un enfoque comercial que privilegia a quienes pueden pagar y comprender sus diversos usos.
En esa lógica se excluye la posibilidad de que personas organizadas, colectivos ciudadanos, organizaciones sociales en general tengan la posibilidad de acceder a los beneficios que la Internet y las otras herramientas tecnológicas les pueden ofrecer. La exclusión se materializa en la imposibilidad de adquirir equipos, software y accesorios que completan el desempeño de las computadoras; pero también se manifiesta en las pocas posibilidades para conocer el funcionamiento y los alcances que los aparatos puedan tener. Dicho de otra manera, el acceso a la tecnología tiene que ver con la infraestructura, las computadoras, su software y sus accesorios, pero también se vincula con el conocimiento que permite comprender,
apropiarse y aprovechar las potencialidades que brindan el hardware y al software.
Al obstaculizar el acceso a la tecnología, los procesos de exclusión potencian el aislamiento de los sectores, debilitan las acciones para la incidencia política y vulneran la seguridad de la información y la comunicación de las organizaciones. En esta “nueva” sociedad de la información y el conocimiento, la mano “invisible” del mercado se muestra con toda su fiereza: el
conocimiento se transforma en capital y consecuentemente con esa nueva valoración de las ideas y la creatividad, las herramientas tecnológicas que sirven para crear se privatizan, generando así mayores ataduras a los excluidos de las “bondades” del sistema. Es así como el escenario se cierra y llegamos a un punto en el cual, las pocas posibilidades que tienen las personas y organizaciones para acceder, mejorar y compartir el conocimiento, terminan siendo el caldo
de cultivo perfecto para que la gente nunca llegue a cuestionarse si efectivamente las herramientas de trabajo y de creación privadas son la única opción.
Afortunadamente, la historia ha demostrado que resistir es una práctica milenaria fortalecida por una buena parte de la humanidad.
